Ricardo Cases | Belleza de Barrio Ver más grande

Ricardo Cases (Belleza de Barrio)

El producto se encuentra agotado

Universidad de Extremadura, 2008 
ISBN: 978-84-613-1841-4 
Diseño: Nerea García Pascual 
Tapa dura · 104 páginas · 225 x 335 mm · Lenguaje: Inglés, Español
Primera Edición

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28,85 €

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El largo camino del leopardo


Cuando llegaron a Madrid, el centro estaba ya ocupado. Se fueron instalando en la zona sur: Parla, Fuenlabrada, Leganés, Getafe. Venían de Andalucía y Extremadura. Cambiaron el pueblo por el barrio. Se pusieron a trabajar y se convirtieron en la clase trabajadora. Eso fue hace casi cincuenta años. 

Hoy son sus nietos quienes habitan esas ciudades del sur que son todo pueblo y todo barrio. De aquellos primeros colonos han heredado algunas cosas: siguen siendo clase trabajadora y conservan el orgullo del que lucha, un cierto carácter de pueblo y los estampados de leopardo.

¿Qué diferencia, dos generaciones después, el aspecto de una chica de Parla del de una madrileña del centro? Los códigos de belleza de la capital vienen definidos desde la cima de la pirámide mediática: basta con mirar la publicidad y las revistas de moda para identificar por qué la gente se viste como se viste cada temporada. La estética de barrio, en cambio, no consta impresa en ninguna revista y su usuaria la bebe de su entorno. Es la gran diferencia: en tiempos de cultura de masas, la belleza de barrio es una cultura que se transmite de madres a hijas. Son modelos que no se anuncian, productos de mercadillo que no aparecen en las revistas. Y, a la inversa del mecanismo de la moda, no crean una cultura para venderse sino que se fabrican para alimentar una cultura.

Los elementos de la estética de barrio son memes, rasgos de identidad que se autorreplican de generación en generación. De este modo, podríamos trazar sin dificultad la genealogía de esa piel de leopardo, referente ancestral de la nobleza que llegó quizás por vía colonial inglesa desde los antiguos reyes africanos hasta que fue adoptada como expresión de estatus por alguna señora andaluza; la ostentosa profusión de pulseras rizadas, anillos y pendientes dorados, prueba fehaciente del mestizaje gitano. O la omnipresente medalla de la Virgen, o la cruz de Caravaca que ya llevaba la bisabuela cuando la guerra civil. O el falso pelo rubio de las suecas de los 60, o la espectacularidad en los colores de los maquillajes.

La estética de barrio es ostentación y orgullo. En el barrio la timidez no sirve; hay que ir pisando fuerte. Las chicas se ponen guapas con las mismas armas que sus madres y sus tatuajes de Playboy no dejan de ser un eco de los valientes escotes sobre los que se criaron. Actitud; mujeres de barrio, de armas tomar. A pesar de una muy coherente puesta al día a base de piercings y algunos aportes de modernidad japonesa, su estética no deja de ser una evolución respetuosa de la cultura de los suyos. Así, a diferencia de casi cualquier veinteañera gótica, hiphopera o postpunk, la pokera de barrio nunca desentona en la foto familiar y será raro que su madre la abronque por sus pintas. Modernidad y respeto: Messenger, leopardo y Camarón. 

Luis López Navarro, 2009

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