Ricardo Cases | El porqué de las naranjas Ver más grande

Ricardo Cases (El porqué de las naranjas)

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128 páginas
14.7 cm x 18.7 cm

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Mecánica del caos

He visto un río en parís
cerca de la torre gris
he visto un paraguas desgarrado
Todos los mecanismos.

Antònia Font

A primera vista, aquí y ahora, uno pensaría que la realidad es un devenir caótico y anárquico. Un desastre sin pies ni cabeza, ilógico e imprevisible. Si las cosas tienen una lógica, se esconde tras una capa de banalidad tan gruesa que la hace invisible.

Sin embargo, en algunos momentos puntuales, la vida se descuida y se revela; el autómata muestra sus entrañas y deja fugazmente en evidencia su mecanismo, una lógica del caos que nos lo explica todo. Son momentos efímeros que pasan desapercibidos e inmediatamente desaparecen, sin que nadie asista a la epifanía.

Luego    llegarán los sociólogos con sus explicaciones, los psicólogos con las suyas, se elaborarán teorías económicas y estudios antropológicos. Se preguntarán ¿qué es el hombre?¿qué es ser español?¿cómo hemos llegado a esto? ¿existe el bien?¿la moral?¿un orden en las cosas?¿tenemos salvación, remedio como pueblo?¿como individuos? Trazarán hipótesis sin saber que muchas de esas preguntas han sido ya respondidas, mientras nadie miraba, en aquellos fogonazos en que la mecánica secreta del caos se manifestó burlonamente, sin testigos.


Documentar lo invisible

Para un fotógrafo, llega un punto en que documentar la realidad visible no basta. Documentar la superficie es documentar síntomas, consecuencias, es llegar tarde. Cuando se quiere indagar realmente en la vida que nos rodea, se hace necesario buscar el modo de documentar lo no visible, lo esencial. Los mecanismos.

Si se ignora la superficie y se está bien alerta a las señales, en el entorno inmediato del fotógrafo (en este caso, las huertas del Levante, un epicentro telúrico de la España contemporánea) se puede encontrar un modelo a escala de todo, un laboratorio donde estos mecanismos se manifiestan en libertad. No hace falta irse muy lejos para encontrar evidencias de fenómenos mayores. “El porqué de las naranjas” no es por tanto, literalmente, un retrato del Levante. Es un retrato del espíritu del Levante y por extensión del espíritu de la España de hoy.


El procedimiento

El procedimiento es capturar lógicas, relaciones, como un físico nuclear trata de capturar el bosón de Higgs: salir a la calle tratando de cazar las partículas elementales, de visibilizar las leyes que rigen el universo. El procedimiento es salir a cazar fantasmas que sólo la cámara revela.

Al modo de los poetas simbolistas, “vestir la Idea de una forma sensible”, pero con una diferencia fundamental: aquí no se trata de construir imágenes, sino de reconocerlas. Las fotos no quieren decir nada, pero dicen. El procedimiento es caminar siempre bien alerta, dar vueltas por la superficie esperando el momento en que la realidad se manifiesta, y en ese momento capturarla. Buscar afloramientos de verdad, algo muy concreto y complejo que el fotógrafo reconoce de inmediato. Y no explicar qué es; no es su tarea dar explicaciones. Basta con: he encontrado esto. Aquí está pasando algo; aquí puede haber una respuesta.

Para las preguntas que nos ocupan, estas imágenes son la única respuesta posible. No debemos esperar de ellas más que ellas mismas: no tienen desarrollo, no se pueden extrapolar ni permiten sacar conclusiones. No cabe un análisis porque son relaciones puramente fotográficas, no trasladables a pensamiento verbal. Pero cuando las vemos sabemos que son verdad, que contienen una clave, atrapada en un isótopo estable. Son hitos que nos permiten apuntalar el camino, abrir una via ferrata hacia una comprensión mayor. Capturas del bosón de Higgs: una vez apresadas, tenemos una prueba.


El viaje

Para el fotógrafo, el proceso es un viaje personal que exige eliminar los filtros de la razón, dejar caer las barreras y poner la psique en abierto, en conexión directa con el entorno. Sumergirse en el sinsentido y buscar señales. Al ojo entrenado, al espíritu alerta y sensibilizado, la realidad le sobresalta constantemente con erupciones, con afloramientos.

Luego llega el momento de sentarse a observar lo capturado, interpretar y filtrar. Desechar lo explicable y conservar sólo el misterio.

Para el espectador, una vez destilado, el resultado será un viaje radical y desestabilizante, una inmersión en una lógica más profunda y poderosa que lo racional y que impone su verdad. La mecánica del caos está ahi, y tiene una fuerza que puede ser perturbadora.

A veces, en medio de la partida, Dios voltea alguna de sus cartas y nos la enseña, para burlarse mejor de nosotros mientras nos despluma. Esta colección de estampas es lo poco que el fotógrafo ha podido atisbar de la baraja.

Luis López Navarro

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