The Kitchen
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The Kitchen

alb-967

Homenaje a Santa Teresa

 

Entrega en todo el mundo y opción de devolución.

En palabras de Mateo Feijóo, en The Kitchen el tiempo se detiene, deja de existir, aparece el aquí y ahora como una necesidad imperiosa de creación, fruto de una experimentación sensorial que se concretiza en comprensión. Marina Abramovic lleva a la práctica la máxima de Roni Horn: «No quiero hacer nada sino estar aquí. El hacer algo me alejará de aquí. Quiero lograr que estar aquí sea suficiente». Este trabajo es una producción sencilla, Marina Abramovic no utiliza un gran despliegue de medios, trabaja con lo imprescindible, habita el espacio, lo traduce y define, lo hace suyo. Cada fotografía es un fotograma de la performance que Marina Abramovic realiza dentro de esa inmensa cocina que alimentó primero a niños huérfanos, después a niños alumnos, a niños de un período muy concreto de la historia, a niños meteorito, a niños dolor, a niños esperma, a niños lengua y a niños sueño. A niños que curaban con recetas mágicas: «al desayuno, un vaso de oro líquido. Al almuerzo, un higo fresco. A la cena, un vaso de plata líquida».

Las fotografías del libro recuerdan a la escritura japonesa, dejan ver el arte y el trabajo, alcanzan desde su sencillez las regiones más excesivas del alma del espectador, son fotografías invadidas por el silencio y la inmensidad. La emoción no inunda, no sumerge, se hace lectura, el efecto de distanciamiento nos atrapa con su abstracción sensible. En las fotografías de The Kitchen no hay mentira, percibimos el abandono de toda trivialidad, somos espectadores de la fragilidad, de la discreción. El cuerpo es un cuerpo glorioso que se presenta con claridad, agilidad y sutileza; un cuerpo amable.

En The Kitchen estamos ante el hecho, la aprehensión del momento. Marina Abramovic nos ofrece la posibilidad de contemplar fragmentos puros, momentos de certidumbre. Una vez más, su cuerpo en conjunción con el espacio que ocupa conforma lo que ella denomina su «campo de representación».

 Marina Abramovic nació en 1946 en Belgrado (Yugoslavia, actualmente Serbia), y es una de las artistas más originales de nuestro tiempo. Desde el comienzo de su carrera, iniciada a principios de los 70 en la capital yugoslava —de cuya Academia de Bellas Artes fue alumna—, Abramovic ha sido pionera en el uso de la performance como forma de arte visual. El cuerpo ha sido siempre su tema y su medio. En la exploración de los límites físicos y mentales de su ser ha soportado dolor y agotamiento y se ha enfrentado al peligro, siempre en pos de la transformación emocional y espiritual. Abramovic se interesa por creaciones que ritualizan los actos más sencillos de la cotidianidad: tumbarse, sentarse, soñar, pensar; manifestaciones efectivas de un estado mental particular. Como miembro fundacional de la generación pionera de artistas de la performance —en la que se incluyen Bruce Nauman, Vito Acconci y Chris Burden—, Abramovic ideó algunas de las primeras performances de la historia y es la única que continúa creando obras de relevancia.

 

Reseña de la exposición en Notodo.com

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